¿POR QUÉ GATOS?

¿Por qué elegimos a los gatos como compañeros en nuestro centro?

Los gatos poseen un carácter más reservado, lo cual suele ser más afín a la personalidad de las personitas con autismo a quienes atendemos. Además, la frecuencia de vibración de su ronroneo tiene propiedades sanadoras, lo que puede contribuir al bienestar emocional de los niños.

Pero más allá de estas características, los resultados obtenidos con las terapias de gatos en personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) han sido verdaderamente asombrosos. Numerosos estudios han demostrado que la interacción con gatos puede ayudar a reducir los niveles de estrés, ansiedad y agresión en individuos con TEA. La presencia de un gato puede ofrecer una sensación de calma y seguridad, proporcionando un vínculo emocional invaluable para aquellos que tienen dificultades para conectar con otros seres humanos.
NIÑO CON GATO

Además, la responsabilidad de cuidar de un gato puede ser una experiencia terapéutica en sí misma. Ayuda a desarrollar habilidades sociales, como la empatía y la comunicación no verbal, así como habilidades prácticas, como la rutina y el cuidado personal.

Al ubicar nuestro centro en una zona urbana, nos enfrentamos al desafío de minimizar las posibles molestias para nuestros vecinos. Los gatos, siendo naturalmente más silenciosos que los perros, nos ayudan a evitar conflictos y a mantener armonía en el entorno. Además, teniendo en cuenta que ya contamos con un refugio para perros a cargo de Zoonosis, hemos decidido ampliar nuestro compromiso con el cuidado de los animales al ofrecer un hogar también a los gatos.

En resumen, elegir a los gatos como compañeros en nuestro centro no solo responde a sus características naturales que se ajustan a nuestras necesidades, sino que también nos permite fomentar una convivencia pacífica en nuestra comunidad, mientras proporcionamos una terapia beneficiosa y enriquecedora para las

¿Por qué elegimos a los gatos como compañeros en nuestro centro? – Parte II

La similitud entre el carácter de los gatos y el comportamiento de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) puede ser sorprendente y reveladora. A continuación, se exploran algunas de estas similitudes, destacando cómo ciertos aspectos del comportamiento de los gatos pueden reflejar las experiencias de las personas con TEA.

Rutina y Estructura Tanto los gatos como las personas con TEA tienden a seguir rutinas estrictas. Los gatos prefieren horarios regulares para comer, dormir y jugar. Cualquier cambio en su rutina puede causarles estrés y ansiedad. De manera similar, las personas con TEA a menudo dependen de rutinas diarias para sentirse seguras y cómodas. La previsibilidad de una rutina les ayuda a manejar mejor su entorno y a reducir la ansiedad.
GATITO TAPADO CON MANTA

Sensibilidad a los Estímulos Los gatos son notoriamente sensibles a los ruidos fuertes y otros estímulos sensoriales. Una aspiradora, una fiesta ruidosa o incluso un visitante inesperado pueden perturbar a un gato y hacer que se esconda o muestre signos de estrés. Las personas con TEA, especialmente aquellas que experimentan hiperacusia (una mayor sensibilidad al sonido), también pueden sentirse abrumadas por los ruidos fuertes o ciertos tipos de estímulos sensoriales. Esta hipersensibilidad puede manifestarse en reacciones fuertes a sonidos, luces brillantes o texturas específicas.

Aversiones al Cambio Los gatos no son amigos de los cambios repentinos en su entorno. Algo tan simple como mover su caja de arena o cambiar su marca de comida puede causarles estrés significativo. De manera similar, las personas con TEA a menudo tienen dificultades para adaptarse a cambios en su rutina o entorno. Estos cambios pueden causarles ansiedad y desorientación, lo que a su vez puede llevar a comportamientos desafiantes.

Comportamientos Repetitivos Es común observar en los gatos comportamientos repetitivos, como el aseo excesivo o el juego con ciertos objetos de manera repetitiva. Este tipo de comportamiento también se encuentra en personas con TEA, quienes pueden involucrarse en movimientos repetitivos (como balancearse, aletear con las manos) o tener intereses muy focalizados y actividades repetitivas que les proporcionan consuelo y estabilidad.

**Dificultades con la Interacción Social y la Comunicación Los gatos son animales independientes y, aunque pueden ser cariñosos, su manera de interactuar socialmente es diferente a la de los perros u otros animales más sociables. **Prefieren acercarse a su manera y en su propio tiempo, y pueden mostrar incomodidad o rechazo si se les obliga a interactuar cuando no lo desean. Las personas con TEA también pueden experimentar desafíos en la interacción social y la comunicación. Pueden tener dificultades para interpretar las señales sociales, mantener una conversación o expresar sus emociones de manera convencional.

GATITOS

Hipersensibilidad Al igual que los gatos, las personas con TEA pueden mostrar hipersensibilidad a diversos estímulos. Esta hipersensibilidad puede abarcar no solo el ruido, sino también el tacto, los sabores, los olores y las vistas. Un estímulo que puede parecer insignificante para una persona neurotípica puede ser abrumador para alguien con TEA.

Conclusión:

La comparación entre los gatos y los niños con TEA puede ayudarnos a comprender mejor las experiencias sensoriales y emocionales de estos niños. Al observar cómo un gato reacciona a su entorno, podemos obtener una visión más clara de las necesidades y desafíos que enfrentan las personas con TEA.

Al igual que los gatos, las personas con TEA requieren comprensión, paciencia y un entorno predecible y seguro para prosperar. Esta analogía no solo subraya la importancia de la empatía y la adaptación en el manejo del TEA, sino que también nos recuerda que, al igual que los gatos, las personas con TEA tienen su propio ritmo y forma única de interactuar con el mundo.